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Estrenos argentinos

Después de Sarmiento

Por: Laura Ávila

Llega a los cines el primer documental de Francisco Márquez, que habla de la escuela, la educación y la sociedad.

Viene el abanderado con sus escoltas. Suena el Himno a Sarmiento, con sus primeros acordes de marcha militar.

Escoltas, marcha, Sarmiento. Palabras que remiten a una escuela de organización castrense. Entonces hay un sonido nuevo: el Himno toma rumbo de cumbia y la voz de Pablito Lescano resuena en el salón de actos, entonando las estrofas paradigmáticas: “Gloria y loor, honra sin par, para el grande entre los grandes, padre del aula, Sarmiento inmortal”. Los alumnos, en su mayoría chicos de bajos recursos, se ríen entre dientes. Algunos ensayan un paso de baile. El clima, por un momento, es de auténtica celebración.

Con esta situación atípica abre  Después de Sarmiento, documental que aborda, entre otras cosas, la educación en las escuelas públicas de la ciudad. A través de un caso testigo, el del Colegio Sarmiento, el director Francisco Márquez intenta contar qué pasa puertas adentro de la Institución.

La escuela queda en Recoleta. Van algunos chicos de clase media, casi todos al turno mañana. A la tarde concurren mayormente los estudiantes de la  Villa 31. Todos se toleran hasta ahí, pero el conflicto comienza cuando los dos turnos tratan de organizar un Centro de Estudiantes conjunto.

Con un cuidado trabajo de registro de imágenes y situaciones, para nada invasivo –el director hizo un año y medio de preproducción progresiva en las aulas, para que los chicos se acostumbraran a las cámaras- se plantea una serie de interrogantes: ¿la escuela porteña reproduce el sistema de exclusión que impera en la sociedad? ¿Se puede invertir el orden? Es decir ¿se puede intentar algo nuevo que trascienda las puertas de la escuela y se ancle en la sociedad para cambiarla?

El film es tremendamente interesante, y con un lento trabajo de identificación, logra que los personajes retratados –adolescentes en apariencia lacónicos y desinteresados- vayan mostrando su ángel, su mundo interior, su belleza, sus preocupaciones. Esos chicos florecen ante nuestros ojos, dándonos una esperanza.

En parte se logra ese efecto por el gran trabajo de Francisco Márquez. Pero la rectora del lugar,  Roxana Levinsky, que además es docente de literatura, se roba la película con su mix de pilas inagotables, sus deseos de transformar la escuela y una voz y una cara de cansada que hacen dar ganas de acercarse a ella y besarle las manos. La mujer es una heroína de nuestros días, porque sabe hacerle brotar a cada alumno lo mejor de sí.

Una profesora que confíe en sus discípulos, que no los deje estar cómodos, que los exija sin humillarlos y que festeje sus logros. Unos chicos que se reconozcan en el otro y que se tengan respeto. Todo ese universo de utopías existe en verdad en las escuelas de todos los días.

Este documental sirve para sostener ese trabajo, para que la escuela se siga transformando, para que nos sirva para algo, tal como Sarmiento, más allá de sus luces y sus sombras, nos proponía. Recomendada.