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En cartelera

El hijo de Saúl

Por: Laura Ávila

La Opera prima ganadora de un Oscar transmite una oscura sensación de desesperanza. Nueva visión del Holocausto, no apto para personas sensibles.

Esta película salió a buscar su público. La filmó un realizador húngaro que no llega a los cuarenta años, Laszlo Nemes, que a estas horas debe estar contemplando aturdido la estatuilla del Oscar, verdadero centro envenenado que Hollywood le tira a los realizadores noveles.

Por suerte, Nemes parece tener un gran bagaje interior, además de su personalísima manera de filmar, que hace suponer que no se va a dejar arrastrar por la marea.

"El hijo de Saúl" cuenta la historia del Saúl del título, un prisionero húngaro en Auschwitz, en 1944. El campo es una fábrica de matar. Y Saúl es una pieza de ese engranaje, porque pertenece a los “sonderkomando”, el grupo de judíos que ayuda a los nazis a exterminar a su propia gente.

El apellido de Saúl es Auslander. En alemán, ausländer significa extranjero, extraño.

Eso vendría a ser Saúl, un extranjero del género humano. Solo sirve para mirar sin ver, para limpiar la sangre, para palear las cenizas, para dejar pasar sin ofrecerle resquicio a la locura. Hasta que en la cámara de gas descubre a un niño. Un niño que cree que es su hijo.

Esa breve línea narrativa sirve para mostrar un mundo de pesadilla. Nunca se ve un muerto en la pantalla, porque la película está trabajada con planos muy cerrados, con la cámara casi en la nuca del personaje. Hay mucho sonido desgarrador, ominoso, en off, mucha elaboración del trabajo fuera de campo, mucha imagen desenfocada, fragmentos de la muerte obscena, que sin embargo está siempre presente, de principio a fin del metraje. Porque Nemes la instala en nuestra imaginación.

Las tomas se suceden en un aturdimiento constante. Es una película brutal. Pero entre todo ese horror, sucede una búsqueda. Un intento de dignidad.

Geza Rohrig, poeta y maestro de escuela en la vida real, es el encargado de ponerle el cuerpo a este complejo personaje. Su mirada vacía, su cansancio, su instinto de supervivencia, todo eso lo sabe expresar con fuerza, casi sin hablar.

Del lado opuesto de las melodramáticas películas norteamericanas que hablan del Holocausto, hoy está este testimonio nuevo, compuesto como si se documentara una pesadilla. Un chorro de vida, como la sonrisa del ausländer, la atraviesa por un mágico momento. Hay que armarse de valor para verla, pero creo que vale la pena.

 

 

 

Cine Lorca. Av. Corrientes 1428. Tel: 4371-5017.