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Estrenos internacionales

El viajante

Por: Soledad Castro Lazaroff

Se estrena en Buenos Aires la película iraní que se llevó el Óscar a mejor película en lengua extranjera. 

El director Asghar Farhadi ya había tenido el orgullo de que una película suya fuera galardonada como mejor en lengua no inglesa: en 2012 lo consiguió con La separación, un film hiperrealista sobre una pareja iraní que termina su relación de un modo sórdido y terrible. El misterio de los vínculos entre hombres y mujeres, y sobre todo el análisis de una institución que nunca pierde vigencia como es el matrimonio de clase media, parece ser una obsesión para este director que se perfila como uno de los iraníes más reconocidos en estos años.

El viajante comienza con el plano de una cama de dos plazas sobre un escenario. Los personajes principales son una pareja de actores de teatro que están por estrenar una puesta de La muerte de un viajante, de Arthur Miller. El edificio donde viven literalmente se derrumba y necesitan otro lugar donde vivir; un compañero de elenco les ofrece un departamento que parece perfecto, pero cuya historia se les volverá en contra de un modo inesperado. A partir de un episodio traumático ambos tendrán que lidiar con sentimientos muy hondos de inestabilidad, necesidad de venganza y violencia. La situación límite los obliga a encontrarse desde un lugar nuevo, poniendo en juego el tema de la frustración y del fracaso en la comunicación con una precisión desesperante. La obra de teatro aparece como metáfora de aquello que no puede decirse, de cómo la vida es una continua puesta en escena donde lo que irrumpe, lo sorpresivo, puede dejar en evidencia con premura la ostensible falsedad de ciertos valores.

El cine iraní es tal vez de los mejores del mundo a la hora de retratar la intimidad humana. La actuación se destaca por la sutileza de los gestos, por el uso del lenguaje corporal como un código del detalle que nos permite descubrir el verdadero carácter de los personajes. Los tonos calmos del montaje y la serenidad de la cámara – que los sigue con frialdad, sin miedo de mostrarlos en situaciones ambiguas, llenas de preguntas e incomodidad – colaboran con la profundidad de un material donde la emoción aflora de repente para desbordarse en un final que por verosímil es doblemente amargo. Película ideal para encontrarse con un cine que, a pesar de no utilizar formas narrativas clásicas, logra un nivel de suspenso y tensión dramática que no dejará indiferente a ningún espectador sensible.

Estreno en Buenos Aires: 2 de marzo.