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Estrenos argentinos

El corral

Por: Laura Ávila

Sebastián Caulier presenta su segundo largometraje, que intenta describir un mundo violento sin salirse de sus originales puntos de vista.

Yo he tenido veinte años; no permitiré a nadie decir que es la edad más bella de la vida.

Estas palabras de Paul Nizan podrían aplicarse perfectamente a los personajes de Caulier, siempre niños o jóvenes en crecimiento, como sucedió en el caso de La inocencia de la araña (2011), su promisoria película debut.

En ella dos niñas de escuela se enamoraban de su profesor de biología e intentaban quedárselo a cualquier costo, amparándose en los límites (bastante laxos) de la natural saña de la infancia.

En el caso de El corral, los protagonistas son adolescentes. Esteban es formoseño, va a una escuela secundaria privada pero de pueblo, corre la década del noventa y sus compañeros lo odian.

Hasta que llega el chico nuevo. Gastón, que viajó por todos lados porque el trabajo de su padre lo amerita. Que parece más grande, que tiene barba y fuma porros.

La amistad entre los dos, que parece de atmósfera de novela de Hermann Hesse en las primeras escenas, se va encaminando hacia una inquietante forma de violencia.

Hay muchas cosas buenas que tiene la película. El cruce entre el thriller y la historia clásica de iniciación es muy interesante. El casting, encabezado por Patricio Penna y Felipe Ramusio, es otro acierto. El humor, presente en los diálogos y en situaciones, siempre es bienvenido, aunque aquí se mezcle un poco con el desasosiego que siente el protagonista ante los desviados caminos elegidos por su amigo.

Los misterios de la sexualidad cuando está despuntando, el desangelado y sobrevalorado mundo de la infancia que no se roza nunca con el apático universo adulto; eso serían los temas recurrentes del director, que promete todavía más cosas para contar, que tiene un mundo atrapante, que tiene talento.

Como detalles que enaltecen más el asunto, estarían el modo de poner la cámara, confrontando apacibles paisajes del interior con atormentados sentimientos que van en procesión, por dentro de los personajes.

O esto de pasar la historia por la periferia, lejos de Buenos Aires, porque Caulier encuentra cosas valiosas para contar fuera de los aburridos temas urbanos.

Pero lo que maneja con más cintura es el tema de la crueldad cuando todavía está en ciernes, cuando es inimputable, cuando crece en el corazón de alguien que por su inexperiencia no sabe dominarla.

Cuando se crece amparado en ese sentimiento, que es invisible hasta que un día estalla.

 

Estreno en Buenos Aires: 22 de junio.