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Estrenos argentinos

La cordillera

Por: Laura Ávila

Darín presidente. El carismático actor encarna al primer mandatario argentino, en una realidad hipotética en donde hay una cumbre de presidentes latinoamericanos.

La cumbre es en Chile. Se va a discutir el futuro de los recursos petroleros de este lado del mundo. El presidente brasilero, aún con su aspecto de garca manicurado, defiende los intereses de la región. 

A Héctor Blanco, el presidente argentino, le conviene aliarse con él. Al menos es lo que le aconsejan sus colaboradores. Pero el presidente de México lo tienta con la idea de incluir a los norteamericanos en la trenza.

Esa trama, que tiene más que ver con una de Costa-Gavras, o con un testimonial estratégico, más al estilo de El estudiante, se complica con una historia que tiene que ver con el pasado del presidente vernáculo y con su hija, la perturbada Marina.  

La tercera película de Santiago Mitre recupera intereses genuinos del realizador: los manejos políticos, el componente humano en las decisiones del poder y los lazos familiares.

El guión, que escribió con Mariano Llinás,  tiene puntos de giro tan efectivos que de pronto nos depositan en una atmósfera de suspenso y hasta de terror. Una mezcla de El resplandor (evocada con esos paisajes abismales, intrincados, inhumanos de la montaña nevada), con una de Polanski.

Fundamental es el trabajo de Dolores Fonzi, la hija, lookeada como una Linda Blair devastada por las experiencias de su vida, contaminada por ciertas actitudes de su padre.

Todo es muy sutil. Las escenas van tejiendo un hilo ominoso. Dejan entrever, solapado, lo atroz, aquello que está escondido en la naturaleza de un hombre.

La cordillera está muy bien de imagen, la fotografía es estupenda, las actuaciones se sacan chispas. Darín y la Fonzi, seguro, pero también Érica Rivas, Elena Anaya, Gerardo Romano, Paulina García, Gabriela Pastor, Christian Slater y siguen las firmas. El montaje es dinámico; el final atrevido.

Aquí se habla crudamente del mundo del dinero. Del Capitalismo que embotó la capacidad creadora del hombre, que lo convirtió en esbirro de un sistema malvado. Muestra los efectos narcóticos del poder, cómo subyuga su aroma, cómo confunde apariencias con esencias.

Y reflexiona, con cierta malicia inquietante, con esa rueda que empieza a girar en alguna parte, que es inhumana también y que una vez puesta en marcha no se detiene. Habla del mal en estado puro.

 

Estreno en Buenos Aires: 17 de agosto.