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Comedia trágica

Todo tendría sentido si no existiera la muerte

Por: Laura Ávila

Una obra larga, impactante y divertida, como tendría que ser la vida.

Una maestra que nunca se salió del renglón descubre que se va a morir de cáncer. Su único sueño es filmar una película porno.

Todo tendría sentido si no existiera la muerte fluye por el camino de la comicidad hacia un terreno inquietante: el tema de la muerte.

Sin embargo, no se trata de una obra sombría. Hay un glamour desangelado, desde la puesta vintage y las estéticas VHS compartidas con el mundo de las pelis condicionadas, que hacen que las tres horas de duración que tiene se pasen volando.

Maruja Bustamante compone a Liliana, una chica que trabaja en un video club. Representa todo lo que la sociedad machista detesta: es gorda, dice lo que piensa, expresa sus deseos, sus vicios y su falta total de fe. Pero es a la vez el sol de esas vidas que se prenden a sus ganas de dar pelea. Está impecable, en uno de sus mejores trabajos. Lorena Vega es increíble: de la apasionada Encarnación Ezcurra que compone en el Teatro del Pueblo para a ser María, una apocada docente que esconde un anhelo profundo de ser querida. Es impresionante su transformación y su entrega. Su María conmueve y divierte sin tapujos, con toda la vida y la muerte al aire.

La otra protagonista es Andrea Nussembaum: su Norita, malcogida pero por culpa de los tipos, intenta encajar en un mundo que claramente no la quiere adentro. Es la tercera musa de esta canción de amor y despedida.

El resto de los personajes son Gino Potente, un actor porno compuesto con enorme talento por Agustín Rittano; Guillermina, la hija a punto de reventar por las hormonas, que logra con tanta sensualidad y con tanta dulzura Juana Rozas, y su noviecito Pablo, muy bien actuado por Bruno Giganti.

La amistad, el amor, el despertar sexual, la insatisfacción, las voces acalladas, el reino del falo, la impotencia masculina de no poder ser ese héroe de cartón pintado que nos venden a todas y a todos desde la más tierna infancia; lo tiernos que somos todos con nuestras humanidades a cuestas, la injusticia de tener que quedarla cuando por fin entendemos alguna cosa: de todo esto habla la obra, escrita y dirigida con gran sensibilidad por Mariano Tenconi Blanco.

Hay escenas de sexo cuasi explícitas, humor delirante y canciones de los 80.

Cariño también hay. Y deseos de vivir lo mejor que se pueda, y de hablar de la muerte, que como el sexo y el amor, debería estar menos soslayada.

Centro Cultural San Martín.

Centro Cultural San Martín. Sarmiento 1551. Viernes  y sábados a las  20.