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Nikkei & Jazz

Cenas pasionarias

Por: Georgie Gandolfo

Una puerta escondida, una calle de Palermo, una noche de fusión de culturas.

Al tocar el timbre de La Pasionaria, uno no tiene mucha idea de lo que hay del otro lado, pero cuando se abre la puerta, es cuando llega la primera de muchas gratas sorpresas que nos depara la noche. Esta puerta, pequeña e inconsecuente, nos hace entrar en un ámbito perdido, casi congelado en el tiempo. Pasamos de un foyer a cielo abierto y lleno de plantas a un enorme galpón exquisitamente decorado con antigüedades de diversos estilos. Lámparas y luminarias que cuelgan del techo o las paredes, mesas talladas de varios tamaños, artículos que fueron sets de películas u obras de teatro y todo ambientado de manera acogedora y simpática.

El chef y creador de estas veladas, Gaspar Salomón, ambienta el salón dependiendo de cuántos comensales habrá esa noche con mesas para grupos grandes o pequeños. Por eso cada noche es única. También va variando el menú, que es más o menos fijo con no más de dos o tres opciones para elegir en cada paso. Siempre está la opción vegetariana y si hay dudas sobre qué elegir, Gaspar o las mozas siempre están para dar una mano.

El menú se basa en la comida Nikkei, fusión entre la comida peruana y la japonesa. Nosotros empezamos con una Causa Limeña, pequeña y muy gustosa, como primera entrada. Seguimos con el Ceviche de Lenguado. Acá el chef nos recomendó pedirlo un poco picante y fue una excelente decisión, ya que los sabores del pescado, la leche de tigre y los demás ingredientes estaban resaltados y, junto con la textura justa del lenguado, hicieron que este plato sea mi preferido de la noche.

De ahí pasamos a los riquísimos tiraditos de salmón y al sushi. Piezas con palta, salmón, camarones, maracuyá y más. Siempre con una presentación impecable. Pero, aparte de la comida, lo mejor de este momento fue que entró la banda.

Sí, una banda en vivo de Dixieland Jazz. Tocaron música movida y divertidísima que maridaba perfectamente con este mar de antigüedades, películas clásicas proyectadas sobre la pared y retratos de Marlon Brando y Sir Anthony Hopkins colgados de las paredes.

Entre tubas y trompetas seguimos con el postre, un Suspiro Limeño delicioso y fiel a su nombre. Y mientras saboreábamos las últimas cucharadas, subimos con las copas de vino a la terraza y nos sentamos un rato en las sillas para disfrutar aun otro ámbito de este gran lugar.

Las cenas pasionarias son más que la suma de sus partes. La increíble ambientación, la excelente música en vivo, y el delicioso menú van cambiando todas las semanas para que nunca sea la misma noche y que la experiencia nos asegure una sonrisa durante toda la velada. Ya sea en grupo o en pareja, recomiendo pasar una noche de viernes o sábado en una cena pasionaria.

Cenas pasionarias.

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