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Drama

La desaparición

Por: Laura Ávila

Constantin Popescu estrena su tercer largometraje, seleccionado para el Festival de San Sebastián, donde se retrata una pesadilla de la vida real.

Cristina y Tudor tienen una familia feliz. Viven con sus dos hijitos en Bucarest. Ilie tiene siete años. María cinco.

Tudor los lleva al parque y en dos segundos de distracción, casi ante sus narices, alguien se lleva a su pequeña María.

Si esperan ver un policial clásico, olvídenlo. La película no se concentra en los avatares de la investigación. Más bien va mostrando el desgarramiento y la degradación de unas vidas que alguna vez fueron dichosas.

La desaparición, entonces, no es para todos los públicos. Implica un viaje a los infiernos, especialmente del protagonista. Ese padre desesperado, brillantemente interpretado por Bodgan Dumitrache, se va destruyendo ante nuestros ojos.

Para lograr contar eso, el director se vale de unos recursos cinematográficos que impresionan. Sin grandes efectos, sin lujos pero con gran intensidad, se vale de habilidosos planos- secuencia que describen los dos momentos definitivos en la vida de Tudor. En el primero hay color, sol, aire libre. En el último, todo es oscuro y gris, asfixiante y terrible.

El guión está bien construido y deja ver pequeños esbozos de esperanza para luego desembocar en una suerte de tragedia de estos tiempos, en donde lo que nos asalta puede revelarnos nuestra verdadera, monstruosa naturaleza.

El elenco se completa con Iulia Lumânare,  Constantin Dogioiu,  Stefan Raus y Adela Marghidan.

Algo del cine rumano me recuerda al nuestro. Hay una determinada construcción del realismo, una cadencia, un modo de instalar los silencios que nos acerca.

Por eso recomiendo esta película para los que tienen el ojo avezado en producciones con ritmo distinto a las que ofrece el cine hollywoodense.

La desaparición termina haciendo reflexionar sobre ciertas formas en que organizamos nuestras vidas. Mostrando esas cáscaras de familias perfectas, de posesiones, siempre dándole la espalda a la muerte, ignorándola como si no fuera a tocarnos nunca. ¿Qué queda cuando esa fachada se desmorona?

Estreno en Buenos Aires: 3 de mayo.