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Falso documental

Los corroboradores

Por: Laura Ávila

Luis Bernárdez continúa presentando su divertida opera prima: la historia, a mitad de camino entre la realidad y la ficción, de una porteña sociedad secreta.

Dice la leyenda que don Juan Manuel de Rosas, hacendado porteño y gobernador de Buenos Aires, construyó su mansión en Palermo de San Benito sin referentes de ninguna arquitectura innovadora. Prefirió el sencillo estilo campero, español, de patios grandes y galerías umbrías, rodeado de un parque sembrado de arbustos y de aromos.

Sus enemigos, después de Caseros, no dejaron memoria de ese caserón ni de ese parque. Llamaron a un paisajista francés y le dibujaron encima otra figura. Forzaron un trazado urbanístico diferente.

Ese espacio europeizante —en la arquitectura y en el imaginario—, es el material sensible que manipula el guionista y director Luis Bernárdez para traernos Los corroboradores, divertido y ácido documental de un absurdo, nuestro absurdo porteño de querer pertenecer a algún primer mundo, sea donde sea que se encuentre.

La película evoca el mito de un grupo de elite que, reunido en el antiguo Jockey Club de Carlos Pellegrini y Miguel Cané (circa 1897), tramó la idea de copiar París en Buenos Aires. Sí, Con edificios y todo. Suzanne, una periodista francesa, se entera de esa historia subterránea a través del contacto de Martín Dressler, un investigador que al poco tiempo desaparece sin dejar rastros.

Perdida en Buenos Aires, Suzanne encuentra pistas que la acercan a edificios que son calcados de la Ciudad Luz (el Museo de Arte Decorativo, la Catedral…), mientras va tirando de la madeja de un ideario nacional.

La trama, que ganó el Premio al Mejor Guión Original por Argentores en el Festival de Mar del Plata, se las ingenia para entretejer personajes, sucedidos y material histórico con mucho vértigo y suspenso.  Ayuda la música, el tratamiento visual que no muestra nunca la cara de Suzanne ni de su informante, el hermoso trabajo de investigación, con profusas fotos y metrajes del Centenario, y el hecho de contar con profesionales reales entrevistados (Gabriel Di Meglio, Daniel Schávelzon y muchos otros), que le van dando espesor al relato, haciéndonos dudar de la realidad. 

Los corroboradores es un divertido delirio, pero que esconde una pulsión bien porteñaza: esta de cagar más alto que nuestro propio culo. Una mentira en la verdad.

¿Qué es Argentina? ¿Dónde hay que buscarla? ¿En el sueño parisino de unos hombres ricos que no dejan entrar mujeres (todavía hoy) a su club? ¿En el interior, enseñado y aprendido como lo salvaje? ¿En los inmigrantes no deseados? ¿En el mundo de los aspirantes a una vida mejor, que se empeñan en reproducir un modelo que nació para excluirlos?

Recomiendo esta película para pensar, para reírse, para ver acompañadas y acompañados, para debatir. Y para descubrir mitos nuevos que nos acerquen a un país posible, que no sea de maqueta.

Centro Cultural Recoleta.

Centro Cultural Recoleta. Junín 1930. Domingos de julio a las 20:30.