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Parrilla

Oviedo

Por: Amelia Jonte

Fundada en 1900 y atendida por unos mozos maduros y gentiles, esta parrilla es la flor del barrio. Para gente de gustos sencillos, lleva a la práctica el viejo dicho: al pan, pan, y al vino, vino.

Trabajé en Palermo Holywood durante dos años. Los almuerzos o las cenas eran un festival de la ensalada de rúcula hasta que conocí la parrilla Oviedo.

El local no dice nada para aquellos que están acostumbrados al style de algunas casas de comidas palermitanas. En Oviedo no hay sillas de diseño, ni paredes intervenidas con obras de arte. Incluso tiene un aire ochentoso sin buscarlo, con esas reproducciones políticamente incorrectas de corridas de toros, o con sus toldos invadidos por propagandas de gaseosa.

Pero apenas entré me ganó a jovialidad de sus mozos, especialmente la de Enriquito, que atiende en esta esquina de Guatemala y Humboldt desde hace mucho tiempo. Sin perder su acento español, el hombre me ofreció la carta y me trajo de vuelta al mundo de la infancia, cuando salía a comer con mi familia.

El secreto de Oviedo es muy sencillo: hace comidas ricas sin complejos. Milanesas con puré, Suprema a la Maryland, Tortillas de acelga, Mondongo a la española, Paella, son parte de un menú abundante y muy bien preparado, que no deja extrañar las cocinas de nuestras abuelas y nos refugia un poco de ese ambiente forzado y tilingo que a veces forma parte de las reformas del barrio.

No esperen una bodega premium: sí existe un surtido irreprochable. El vino de la casa también es bueno y acompaña los platos, que son ofrecidos sin retacear cantidad ni calidad. Hay cervezas de litro.

Pero si quieren enamorarse de este auténtico bodegón que resiste el paso del tiempo, vayan un fin de semana, cuando no tengan que volver al trabajo, y prueben cualquier pieza de su parrilla. El asado de tira es delicioso, lo mismo que las mollejas y los chinchulines. El fuentón generoso de papas fritas que compone una porción, alcanza y sobra para dos y tiene el sabor de lo recién hecho. También el pan es sabroso y como acabado de hornear.

Yo recomiendo la parrillada. A diferencia de otros sitios, no se trata de una selección de porciones requemadas y gomosas: la media parrilla es de carne tierna, viene con pollo y morcilla además de las habituales raciones de asado, vacío y chorizo, y se mantiene caliente gracias al inefable braserito con el que el mozo alcanza el pedido.

Para terminar semejante comilona, nada mejor que un café antes de dormir la siesta. Pero para los amantes de despedir el almuerzo con algo dulce, les recomiendo el flan con dulce de leche. Riquísimo y king size.

El clima del boliche es distendido y amable. Hay unos jamones colgando de unos tirantes del techo y sobrevuela la amigable atención de los mozos.

Lo frecuentan familias, grupos de amigos y algún conocido del ambiente al que no le gusta llamar la atención.

Una opción diferente que sobrevive del viejo barrio de Palermo y alivia por un  momento del arduo trabajo de ser moderno.

Oviedo

Guatemala 550. Tel: 4776-7693.