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Estrenos argentinos

El tercero

Por: Laura Ávila

Llega la segunda película de Rodrigo Guerrero, el cineasta cordobés realizador de El invierno de los raros.

La película comienza con un chat erótico. Un hombre le tira los perros a un muchacho joven. De a poco, el muchacho pasa de mostrarle sus pectorales a la cámara web para dejarle ver su cara.

Del otro lado, el hombre le muestra a su pareja y lo invita a su casa, para que tengan algo juntos. El muchacho acepta. Se llama Fede.

A ese comienzo inusual –es solo la imagen de una compu, pero atrae enseguida por lo natural de los diálogos escritos y luego por la frescura de los actores- sigue el encuentro de esos tres durante una noche.

De eso va la película. De esa pequeña anécdota. Y sin embargo, ¡cuántas cosas para pensar nos deja! Con una claridad y una ternura por sus personajes, el director y guionista Rodrigo Guerrero nos ofrece un panorama de lo que significa el sexo como medio de comunicación con los otros.  Propone la intimidad sexual como un puente, como un pedido de ayuda, como vehículo para conocer al que tenemos al lado, ya sea el elegido para formar una familia o el que se presenta a nuestra puerta por una serie de causalidades.

El tercero se atreve a formular una pregunta acerca de la forma en que nos enseñaron a coger. Los ámbitos familiares tradicionales, en donde este lazo se oculta con un pudor que más se parece a la culpa y a la represión, hace que vivamos la sexualidad como algo extrañado de nuestro ser interno. Como un mero episodio de desahogo, sin espacio para compartir algo más intrínseco de nuestras personalidades.

A pesar de todo el sexo que está registrado en este rodaje, aquí se habla de un intento de comunión de almas, en donde un revolcón se convierte en refugio, consuelo, abrazo, promesa de un mundo menos peor.

En este ménage à trois hay una renovación, un acercamiento, una familia de la carne, un vínculo que puede expandirse hacia cualquier forma posible del amor.

La escena más lograda es la de la cena, con dos extensos planos fijos que demuestran la capacidad de filmar diálogos verosímiles de su realizador y la increíble soltura de los actores. Carlos Echevarría, Emiliano Dionisi y Nicolás Armengol le ponen el alma y la piel a estas criaturas necesitadas de amar, desde todos los ángulos. Su entrega es uno de los puntos más altos de la película.

Con recursos sencillos y sin filmar grandes enunciados, aquí se cuenta una gran historia de amor. No importa cuánto dure, no importa el mañana: el abrigo, el compartir, son las dos premisas que Guerrero postula para comprender mejor nuestra sexualidad.

 

 

 

 

Estreno en Buenos Aires: 3 de julio.